Terapia Gestalt Valencia

Centro Terapia Gestalt Valencia, terapeuta Clotilde Sarrió. Psicoterapia integrada en la psicología humanista de la corriente gestáltica de la Costa Este

Introyectos: ¿Por qué repetimos conductas aprendidas de nuestros padres?


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Ante el riesgo aun persistente, y hasta que se controle la pandemia he optado por mantener las sesiones online como una alternativa a los encuentros presenciales, una modalidad no necesariamente peor y en beneficio de todos.

Aprendemos las actitudes de nuestros padres por imitación, y también por la asimilación natural de ciertos códigos de los que apenas somos conscientes. Por lo general, este mecanismo de aprendizaje (introyectos)suele ser beneficioso, no obstante también puede suceder que el niño adquiera de los padres y otros adultos de su entorno, ciertas actitudes insanas, causa frecuente de un aprendizaje negativo.

Introyectos: ¿Por qué repetimos conductas aprendidas de nuestros padres?

Introyectos: ¿Por qué repetimos conductas aprendidas de nuestros padres?

En la infancia asumimos ciertos modelos de conducta conocidos como patrones de supervivencia, que utilizamos como mecanismos de defensa para evitar ser reprendidos en caso de incumplimiento de las normas impuestas por los padres. Estos procederes los aprendemos de la actitud de nuestros mayores y tienden a instaurarse como pautas de conducta por imitación que quedan registradas en nuestra memoria, y pueden aflorar en la edad adulta al enfrentarnos a situaciones molestas parecidas a otras que vivimos en nuestra infancia.

Durante la niñez, los padres —y también otros mayores que están al cuidado del niño— son un referente para el aprendizaje de los hijos, instruyéndolos en el ámbito relacional en que se desenvuelven. La tendencia natural es que los pequeños se identifiquen con los hábitos, costumbres sociales, ritos, creencias, códigos éticos, rutinas y un sinfín de detalles presentes en su entorno familiar, y que a través de la observación forjan — sin que necesariamente obedezcan a una intención educativa por parte de los progenitores— lo que será su modo de actuar en la edad adulta.

Aprendemos las actitudes de nuestros padres por imitación, y también por la asimilación natural de ciertos códigos de los que apenas somos conscientes. Por lo general, este mecanismo de aprendizaje (introyectos)suele ser beneficioso, no obstante también puede suceder que el niño adquiera de los padres y otros adultos de su entorno, ciertas actitudes insanas, causa frecuente de un aprendizaje negativo. Un ejemplo de esto lo encontramos en hogares con un alto nivel de estrés, impaciencia, conducta acelerada y respuestas de angustia ante cualquier contratiempo, situaciones que los niños interiorizan e identifican como el modo natural de vivir y reaccionar, algo que en la edad adulta repercutirá nocivamente en su forma de ser, de sentir y de relacionarse.

Es frecuente trabajar en terapia con pacientes que vivieron su infancia en un ambiente estresado, con unos padres que siempre parecían enfadados, discutían entre ellos, gritaban y regañaban por cualquier motivo a los hijos, quienes, al hacerse mayores e independizarse, mejoraban su calidad de vida al no tener que soportar la continua tensión de un hogar como el de su infancia.

Sin embargo, es muy alta la probabilidad de que al formar su propia familia y tener hijos, afloren en estas personas los patrones introyectados en la infancia, y en consecuencia actúen con arrebatos de intransigencia, poca paciencia, y agresividad verbal con sus hijos materializada en gritos. Esto es debido a que el inconsciente tiende a que todos repitamos las conductas de nuestros padres que siendo niños asimilamos como normales y naturales.

En el trabajo terapéutico con los pacientes que acuden a nuestra consulta por mostrarse estresados y poco tolerante con sus hijos, un indicativo de buen pronóstico será que en el curso de las sesiones, el paciente recuerde, comprenda y asuma que no encontró en sus padres la paciencia y las manifestaciones de cariño que necesitaba en su infancia.

Estas carencias no siempre implican que fueran niños maltratados o no queridos, sino solo mal atendidos en sus necesidades por unos padres probablemente estresados por exceso de trabajo, falta de tiempo, desinterés o carencia de habilidades para la crianza, tal vez porque también ellos cuando eran niños sufrieron las mismas carencias que en el futuro transferirían a su hijos.

En estos casos, el objetivo de la terapia es desarrollar unos códigos de conducta parental distintos a los introyectos que se aprendieron de los progenitores.

Los introyectos

El introyecto es un mecanismo que en la infancia propicia que el niño haga suyas ciertas ideas, normas y conceptos (lo que está bien y lo que está mal) que observa en las personas más significativas para él (padres, abuelos, cuidadores, maestros…).

La identificación con esas ideas es tan intensa que al llegar a la edad adulta, se ignora que no son propias sino que les fueron transmitidas en la vulnerable etapa de su infancia. Asumir estos introyectos como lo que realmente son, y aprender alternativas diferentes y opuestas a lo que estos propician, facilitará el disfrute de una crianza respetuosa con los propios hijos, así como interrumpir un cadena de transmisión que a veces data de generaciones.

La figura del padre y la madre en las sesiones de terapia

En el proceso psicoterapéutico, muchas las veces surge la figura paterna y materna, y la relación que el paciente tuvo con ellos, la educación que recibió, las normas y prohibiciones que se le impusieron, y lo rígidas que estas fueron.

A veces, este trabajo terapéutico propicia un diálogo anacrónico con los padres que se tuvo en la infancia (no los actuales, por lo general mayores o incluso ancianos) con la finalidad de que el inconsciente nos conceda via libre para manifestarnos tal cual somos (y no como se nos introyectó), posibilitando que nuestro comportamiento se flexibilicen en beneficio propio y de nuestros hijos.

Muchas veces el malestar psíquico responsable de que un paciente acuda a terapia no solo responde a problemas en la relación con los hijos como ellos creen, sino a otros aspectos del ser, el estar y el modo de relacionarse. En el curso de la terapia puede aflorar que los problemas del paciente no se deban a conflictos del presente sino al trato que se recibió en la infancia por parte de los progenitores o los responsables de su cuidado y educación. Analizar, descubrir y asumir estos conflictos facilitará la tarea de  corregirlos, tanto en beneficio de la estabilidad emocional personal como la de los hijos.

Los padres suponen el primer contacto con el mundo de los afectos, y lo que aprendamos de ellos será determinante para la calidad de nuestras relaciones, tanto familiares como sociales. Recibir cariño, comprensión y respeto en la infancia propicia una mayor autoestima y predispone a una vida de relación mas saludable en las distintas etapas de la vida. Por el contrario, los niños con padres poco cariñosos, son candidatos a desarrollar una baja una autoestima y a ser poco hábiles en sus relaciones interpersonales, así como a repetir con su descendencia el modelo aprendido de sus progenitores.

Como padres, una meta deseable es conseguir un equilibrio que haga compatible el afecto con aquellas situaciones en las que es beneficioso para el hijo manifestar una actitud  de autoridad.

Finalizaré con una reflexión del psicólogo Alberto Soler extraída de un interesante artículo publicado en 2016:

« No hay hijos ni progenitores perfectos, pero sí existen mil y una formas de educar. Por muy diferentes que estas sean, conviene escuchar y olvidarse de prejuicios. Quizá deberíamos renunciar a formar parte de esa competición por alcanzar la perfección. Aceptar nuestros defectos (y los de los demás) y admitir las limitaciones nos ayudará a hacer las paces con nosotros mismos. Aunque desconozcamos las respuestas a todas las preguntas, estamos deseando descubrirlas. Podremos llegar a conocer algunas si dejamos de protegernos»


Clotilde Sarrió – Terapia Gestalt Valencia

Licencia de Creative Commons Este artículo está escrito por Clotilde Sarrió Arnandis  y se encuentra bajo una Licencia Creative Commons Reconocimiento-NoComercial-CompartirIgual 3.0 España

Imagen: Pexels

 

 

Acerca del autor

Clotilde Sarrió

Clotilde Sarrió, Terapeuta Gestalt de Valencia. Mi orientación se integra en la corriente gestáltica de la Costa Este, representada por el New York Institute. Ejerzo la Terapia Gestalt (modalidad de la psicoterapia integrada en la psicología humanista).

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