Terapia Gestalt Valencia

Centro Terapia Gestalt Valencia, terapeuta Clotilde Sarrió. Psicoterapia integrada en la psicología humanista de la corriente gestáltica de la Costa Este

El chantaje emocional

El chantaje emocional es la manipulación que ejercen sobre sus víctimas ciertas personas que se encuentra muy próximas a ellas, y les crean el temor a ser castigadas —veladamente, sin que tomen consciencia de ello— si no acceden a hacer lo que les exigen.

El chantaje emocional

El chantaje emocional, un mecanismo de manipulación

Hay personas hábiles para invadir emocionalmente a aquellos a quienes quieren superar y derrotar. Son individuos astutos, duchos en el arte de manipular, se prodigan en ofrecer un buen trato, y también su estima, para obtener de los demás aquello que les conviene. No obstante, pueden también recurrir a amenazas y hacer sentir culpables a quienes no cumplen su voluntad.

La manipulación es su principal mecanismo de acción y suelen recurrir a consignas del tipo “si en verdad me quisieras no actuarías de este modo”, “tú sabrás por qué lo haces”, “allá tú y tu conciencia con tu decisión”, mensajes que profieren revestidos de inofensividad aunque van destinados a amedrantar a quienes no cumplan sus deseos.

Por lo general, aunque se asocia la manipulación emocional con personas malvadas y egoístas, este chantaje no es privativo de estos individuos, pues en la práctica todos podemos sucumbir  la tentación de utilizarlo como ardid para anteponer nuestra voluntad sobre el derecho de los demás a elegir sin imposiciones. En el fondo, nos encontramos ante una lucha de poder que no respeta más que el propio beneficio aunque se salde con el perjuicio del otro.

Características del manipulador emocional

A veces puede ser difícil detectar al chantajista o manipulador emocional pero, por lo general, quienes practican esta modalidad de ejercicio de poder comparten ciertos rasgos, como su habilidad para detectar los puntos débiles de sus víctimas y la carencia de reparos para aprovecharlos en su contra.

El manipulador emocional suele ser muy paciente, tenaz y perseverante en su deseo de alcanzar sus objetivos. Pueden recurrir tanto al victimismo (reinterpretando en su propio beneficio lo que dicen sus víctimas y fingiendo sentirse ofendidos) como a la violencia psicológica encaminada a desprestigiar al otro.

Son buenos actores, muy controladores y con frecuencia recurren a la técnica del gaslighting –en castellano hacer luz de gas–, un tipo de manipulación consistente en hacer que la otra persona dude de sus actos, de sus palabras, e incluso de lo que ve con sus propios ojos. El objetivo es ejercer cada vez más control sobre la víctima conforme ésta se va debilitando emocionalmente y cayendo en un estado confusional que la convierte en un ser dependiente de su verdugo.

Básicamente, el manipulador emocional se caracteriza por:

  • Son expertos en detectar los puntos débiles ajenos.
  • Carecen de escrúpulos y pueden hacer cualquier cosa con tal de conseguir su objetivo.
  • Son ambiciosos en grado sumo.
  • Una vez alcanzan una meta — igual que sucede con los adictos al dinero o al poder— desean más y más.
  • Ansían el control y la supremacía y cada vez se autoimponen retos más ambiciosos.
  • Son con frecuencia egocéntricos narcisistas, con un complejo de superioridad y una ambición de perfección que pone en evidencia una inseguridad que disfrazan de valentía, por su temor a parecer débiles.

Tipos de chantajistas emocionales

1- Manipulador provocador o castigador

Alardean de fuerza y actúan con agresividad, incitando a sus víctimas a ceder por miedo a enfrentarse a ellos. Suelen manifestarse como unos silenciosos ofendidos, y dan rienda suelta a una ira no verbalizada al tratar como niños a sus víctimas, forzándolas a actuar y hacer cosas que nunca habrían imaginado, por su incapacidad de enfrentarse al hostigador emocional.

Estos castigadores se atrincheran tras una impenetrable máscara de frialdad y silencio. Tienen la convicción de estar haciendo lo correcto e ignoran los sentimientos de sus víctimas, a quienes transfieren la responsabilidad de sus actos. Por ello, enfrentarse a estos provocadores requiere una gran fortaleza, aunque, por lo general, una vez la víctima es consciente de la realidad y se atreve a enfrentarse al chantajista negándose a seguir su juego, es muy probable que el problema desaparezca y que el hostigador inicie la caza de una nueva presa.

2- Manipulador desacreditador

Se suelen manifestar como unas personas con facultades extraordinarias y poco comunes, bienintencionadas, altruistas, casi perfectas, aunque siempre dispuestas a enfatizar en los defectos de sus víctimas, desacreditándolas y poniéndolas en evidencia para demostrar que su opinión es la única válida.

3- Manipulador tergiversador

Son especialmente nocivos. Su personalidad suele ser retorcida. Cambian el sentido de las palabras de las víctimas, y las presentan ante los demás como seres culpables, ridículos y hasta malas personas. Son retorcidos y hábiles en utilizar la perplejidad que generan en sus víctimas para demostrarles lo equivocadas que están. Distorsionan tanto la realidad que se ven a si mismos como unos seres buenos y comprensivos, algo así como los héroes de una película en la que sus víctimas son los pobres equivocados a quienes hay que salvar.

Esta modalidad es una tergiversación en la que el chantajista se muestra como un santo bienintencionado que presenta a su víctima como un ser de dudosa catadura. El tergiversador impone al hostigado su derecho a ganar siempre porque sólo él sabe qué es lo adecuado. Cualquier resistencia por parte de la víctima es manipulada. Tanto es así que aunque el manipulado exprese unas necesidades normales, el chantajista las convertirá en la evidencia de graves fallos, y le hará dudar de qué es lo que le conviene, sin que llegue a cuestionarse la manipulación de la que ha sido objeto.

4- Manipulador victimista o autocastigador

Estos chantajistas se lamentan continuamente, como si todo lo malo les pasara a ellos. Se centran en su mala suerte e inducen a los otros a sentir compasión —y hasta culpabilidad—, momento que aprovechan para pedir lastimeramente favores compensatorios.

Son unos individuos muy necesitados de afecto, muy dependientes e incapaces de asumir las responsabilidades de su propia vida, por lo que atribuyen a los demás sus dificultades reales o imaginarias.

Los victimistas autocastigadores transforman a su víctima en un adulto protector a quien invisten como la única persona capaz de rescatarlos de su desgraciada vida.

5- Manipulador obstáculo

Esta variedad de chantajistas tiene la habilidad de potenciar el ego de sus víctimas y las hacen sentir como seres superiores. Mientras tanto, ellos se muestran torpes, débiles e incapaces para realizar unas tareas que, finalmente, acaban haciendo sus víctimas que, en su subconsciente, acaban por sentirse superiores a su verdugo. Sucede entonces que si algo sale bien siempre será en beneficio del manipulador, pero si sale mal la responsabilidad recaerá sobre el manipulado.

6- Manipulador patologizador

Cuando sus víctimas se resisten a sus exigencias, estos chantajistas les hacen creer que son unos trastornados, perversos o discapacitados emocionales. Esta manipulación puede aniquilar la sensación de identidad y autoconfianza de quien la sufre, una circunstancia de la que se beneficia el hostigador.

En relación de chantaje emocional, la patologización surge cuando una de las partes (el chantajista) desea una mayor entrega y compromiso por parte de la otra (la víctima), y si no la obtiene, cuestionará su capacidad para sentir afectos.

Esta patologización es muy dañina cuando la ejerce una figura de autoridad (profesor, médico, abogado, psicólogo, sacerdote…) que manifiesta una actitud arrogante al presentar como incuestionables su opinión y su jerarquía.

Son unos manipuladores tóxicos que dicen actuar en beneficio de la víctima, imponen subrepticiamente su tutela y fomentan la inseguridad y ofuscación del manipulado si no la acepta. Los chantajistas de esta variante acaban siendo unos expertos en el conocimiento intimo de sus víctimas, a quienes niegan su capacidad para cuestionar los consejos que les ofrecen o interpretar lo que les sucede.

7- Manipulador que convierte en ‘malos’ a sus víctimas

Convertir en personas execrables a sus víctimas es una variante de chantaje que, para anular su seguridad interior, les hacen creer que son malos mediante clichés estereotipados del tipo: “Me has hecho mucho daño” “Me has decepcionado” “No esperaba esto de ti”. El resultado es que la víctima pierde el aplomo y deja su voluntad en manos del chantajista.

8- Manipulador que busca aliados

Cuando un manipulador fracasa en su intento de chantajear emocionalmente a su víctima a expensas de actuaciones tú a tú, puede recurrir a la  involucración de terceras personas —amigos comunes, familiares— que les ayuden en su empeño.

La técnica exige que los aliados que escoja cuenten con el aprecio y el respeto de la víctima. El objetivo es que se sienta indefensa y sin argumentos cuanto antes.

En su modus operandi, este manipulador recurre con frecuencia a falsas citas y referencias de personas respetadas y de gran credibilidad para la víctima (“Una persona en la que confías plenamente me ha confesado que ya no confía en ti”, “Mi psiquiatra me dice que tu actitud hacia mí es dañina por tu agresividad” “Leí un artículo donde se hablaba de un comportamiento enfermizo que me recordó al tuyo” “Oí decir a fulanito que te encuentra cada vez más descentrado”), o también comparación es que deterioren la estabilidad psicológica del manipulado (“Si tú fueras como Carlos, seguro que no te sucedería todo esto”) presentando como modelo a otra persona frente a la cual queden en evidencia los defectos de la víctima.

9- Variedades mixtas

No existen compartimentos estancos que delimiten netamente el modus operandi de los distintos tipos de chantaje. Un chantajista emocional puede compartir características de cualquiera de las variedades anteriores, y cuando esto sucede hablamos entonces de variedades mixtas.

El mecanismo de la manipulación

El chantaje emocional es la manipulación que ejercen sobre sus víctimas ciertas personas que se encuentra muy próximas a ellas, y les crean el temor a ser castigadas —veladamente, sin que tomen consciencia de ello— si no acceden a hacer lo que les exigen.

El chantajista emocional es conocedor de la intensa relación que les une con sus víctimas, y también de sus puntos más débiles. Puede conocer sus más íntimos secretos y aprovecharlos para amenazarles con privarles de su apoyo, su aprobación o su amor. El siguiente paso es forzarles a que se lo ganen.

La presión que el  chantajista ejerce sobre su víctima en tan intensa como inaparente. Saben enmascarar con habilidad su manipulación y hacen dudar al destinatario de la propia percepción de lo que les sucede. Generan una gran confusión y la víctima se siente obligada a cumplir lo que se le ordena, pues la maldad impositiva del chantajista no les llega como tal sino de una forma afable y hasta llena de amor.

Es frecuente que el chantajista emocional busque su propia seguridad y control. También que el incentivo de sus actos sea el miedo, por muy seguros que aparenten ser. En estos casos, la respuesta de la víctima a sus órdenes les inviste de una seguridad que no llega a satisfacerles plenamente por ser tan intensa como fugaz.

El chantajista emocional diseña su estrategia —consciente o inconscientemente— en base a la información que la víctima le suministra sobre aquello que le genera culpa, miedo o también obligación de actuar. Todos sentimos nuestros propios miedos, todos tenemos obligaciones y responsabilidades, y todos experimentamos en mayor o menor cuantía cierta cuota de culpa. Por ello, es frecuente que cualquier persona, en lugar de reflexionar racionalmente, reaccione muchas veces por impulsos. Estas reacciones espontáneas son las que busca el chantajista emocional, al forzar a su víctima a una respuesta que alivie su malestar sin darle espacio ni tiempo para la reflexión.

¿Cómo es y qué siente el chantajista emocional?

El chantajista emocional detesta sentirse perdedor y es capaz de hacer cualquier cosa con tal de no perder.

No tiene escrúpulos a la hora de vulnerar los sentimientos de los demás, perder su confianza o jugar sucio con tal de evitar la frustración de recibir un “no”.

Si bien su apariencia es la de una persona normal y corriente, incluso altamente resolutivo en las tareas que desempeña, su modus operandi se supedita a todo aquello que amenace su estabilidad y equilibrio, y si esto sucede, suele tener pensamientos autoreferenciales negativos (“Esto saldrá mal”, “No le importa a nadie mis deseos” “Me hace sentir mal perder algo que quiero y cuando pierdo a nadie le importa”) que le inducen a recurrir al chantaje emocional.

Estos chantajistas priorizan la atención a sus necesidades y deseos y afrontan el día a día como una sucesión de batallas en las que interpretan como un triunfo las victorias a corto plazo —como si no existiera un futuro a considerar— aunque casi siempre pierdan la guerra al final. Es decir, sus tácticas son endebles a largo plazo y provocan brechas insalvables en sus relaciones.

En el fondo, el chantajista es un ser débil, inseguro, obsesionados con sus temores de carencia y privación, que en su lucha por liberarse del malestar no tienen en cuenta la frustración y la alienación que provocan en quienes intentan manipular y ahogar en un mar de culpa al imponerles sus exigencias. Es frecuente que las personas más mas propensas a la ira y a la agresividad sean en general las más asustadas, aunque muy pocas veces se enfrenten a sus miedos, y prefirieran atacar a los demás, una paradoja que suele condenarlos a ser abandonados, justo y paradójicamente lo que más temen.

Los manipuladores emocionales experimentan un sentimiento de poder e invulnerabilidad en sus fugaces victorias a corto plazo, cuando adoptan actitudes agresivas que consiguen tranquilizarles ante lo que perciben como la amenaza de a perder algo.

¿Cómo repercute el chantaje emocional en quien lo sufre?

Definamos en primer lugar los rasgos que predisponen a ser chantajeados emocionalmente.

  • Gran inseguridad en lo referente a la autoestima y el reconocimiento de la propia valía y capacidades.
  • Inmensa necesidad de estabilidad emocional y sensación de paz interior, tanto que se es capaz de pagar cualquier precio para conseguirla.
  • Tendencia a responsabilizarse por el bienestar de los demás, asumiendo excesivas responsabilidades para ello.
  • Excesiva necesidad de aprobación.
  • Miedo al enojo del otro.

Las consecuencias del chantaje emocional en la víctima

Las consecuencias del chantaje emocional son enormes por el sentimiento de vergüenza, culpabilidad y el desequilibrio emocional que genera en la víctima. También por los comentarios y las actitudes del chantajista que, aparentemente, actúa con falsa bondad creando un ambiente de confianza que en momentos estratégicos interrumpe para aplicar las maniobras del chantaje sin que la víctima se aperciba. Como consecuencia de ello, se erosiona cada vez más la autoestima del perjudicado sin que siquiera se dé cuenta.

El chantaje emocional es una forma de violencia psicológica cuyo objetivo —consciente o inconsciente— es conseguir que la víctima modifique su  comportamiento y claudique a las exigencias del chantajista por miedo a perder su afecto y favor, circunstancias que le generan sentimientos de culpa.

Las más directas consecuencias del chantaje emocional son el miedo, la humillación, la culpabilidad y la merma de la autoestima. La víctima es incapaz de poner freno y decir ‘no’ a las demandas de su hostigador y desarrolla mecanismos de autocensura para no enfadarle. Todo esto propicia un insano clima emocional que genera culpabilidad en la víctima y le motiva a evitar conflictos con el chantajista, de quien se convierte en dependiente.

El chantaje emocional anula la integridad de quien lo sufre

La integridad afianza nuestro yo, nos permite definirlo sin que sean otros quienes lo hagan. También, la integridad nos ayuda a cumplir nuestros compromisos, con nosotros mismos y con los demás, y evitar cualquier traición en nuestras relaciones.

El chantaje emocional priva de su propia integridad a quienes lo sufren, les hace dudar de sus valores y les impide discernir que es bueno o malo para ellos. Esto supone una catástrofe emocional si consideramos que la integridad es aquello que nos permite defender lo que creemos, y encararnos a quienes nos hacen daño sin que el miedo domine nuestras vidas.

¿Cómo protegerse de un chantajista emocional?

El objetivo prioritario debe ser desenmascarar al chantajista. Siempre que no nos perjudique y lo tengamos identificado, no hay inconveniente en que intentemos reconvenir —e incluso ayudar— al manipulador para que sea consciente de que su conducta nos afecta tanto a nosotros como a él mismo.

La posible víctima debe ser asertiva y utiliza todas las herramientas posibles para no caer en las redes del manipulador.

A continuación, y como conclusión, se expone una reseña de cinco puntos fundamentales para no ceder ante los juegos psicológicos de un chantajista emocional.  

1- Tomar consciencia de que estamos siendo manipulados

Hay que enfatizar en:

  • La convicción de cada cual a su derecho a ser tratado con respeto
  • El derecho a tener una libre opinión y a expresarla sin más restricciones que las normas que hacen posible una pacífica convivencia.
  • El derecho de cada cual a expresar como se siente, a actuar en base a sus prioridades y no a las impuestas, y el derecho a defenderse de las agresiones tanto físicas como emocionales.
  • El derecho a decir ‘no’ libremente y sin experimentar culpa alguna.

2- Defender nuestro propio espacio

Hay que interiorizar que nadie nos haga daño sin nuestro consentimiento. Para evitar el acoso de un chantajista emocional, deberemos impedir la invasión del propio espacio, fundamentalmente el que rige las emociones, y mantenernos lo más lejos posible de la manipulación del chantajista y de su tela de araña donde no queremos ser atrapado.

3- Evitar sentirse culpable

Si bien es fácil ejercer un control sobre ciertos aspectos de la realidad en la que estamos inmersos, son muchas las situaciones que no está en nuestra manos resolverlas. En estas ocasiones hay que asumir que no somos responsables —y aun menos culpables— de todo lo que sucede a nuestro alrededor.

Si en algún momento la culpa nos pasa factura con demasiada frecuencia, deberemos cuestionarnos la actitud de aquél o aquellos que, presumiblemente, nos estén chantajeando emocionalmente. Para ello hay que preguntarse si las cosas que se nos piden son razonables, si son sugerencias o imposiciones, y también considerar como  cómo nos gustaría que nos lo dijeran o pidieran. Estas consideraciones ayudarán a obrar en consecuencia y desenmascarar al acosador quien, lo más probable, al sentirse descubierto dejará de incomodarnos e irá en busca de una nueva víctima.

4- No tener prisa en satisfacer las demandas del chantajista

Los manipuladores suelen presionar a las víctimas para que cumplan de inmediato sus peticiones. La reacción ante esta manipulación deberá ser la misma que la que se adopta ante un vendedor agresivo que intenta endosarnos un producto. Hay que saber reconocer los momentos en los que somos más vulnerables para que la presión no supedite nuestra racionalidad a los impulsos. El objetivo es que los intereses ajenos no se antepongan a los nuestros.

5-No dar muestras de indecisión o duda

Los manipuladores son expertos en interpretar nuestro lenguaje no verbal y utilizarlo a su favor. Cuando detectan indecisión o duda en nosotros, activan los resortes de presión para forzar a que la víctima haga lo que ellos esperan de ella. Por ello es fundamental no mostrar debilidad, no vacilar en las propias convicciones y mantenerse firme en las afirmaciones.

 


Clotilde Sarrió – Terapia Gestalt Valencia

 

Bibliografia:

–  Forward, S. (1998) Chantaje emocional. Barcelona. Ed. Martinez Roca.

 

Licencia de Creative Commons Este artículo está escrito por Clotilde Sarrió Arnandis y se encuentra bajo una Licencia Creative Commons Reconocimiento-NoComercial-CompartirIgual 3.0 España

 

 

Imagen: Pixabay

 

Acerca del autor

Clotilde Sarrió

Clotilde Sarrió, Terapeuta Gestalt de Valencia. Mi orientación se integra en la corriente gestáltica de la Costa Este, representada por el New York Institute. Ejerzo la Terapia Gestalt (modalidad de la psicoterapia integrada en la psicología humanista).

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