Terapia Gestalt Valencia

Centro Terapia Gestalt Valencia, terapeuta Clotilde Sarrió. Psicoterapia integrada en la psicología humanista de la corriente gestáltica de la Costa Este

Terapia Gestalt. Condiciones para que una terapia sea efectiva

Hay una serie de condiciones que deberíamos considerar como indispensables antes de iniciar una terapia y para que ésta sea efectiva, ya sea en Terapia Gestalt o en cualquier otra orientación.

Terapia Gestalt. Condiciones para una terapia efectiva

Terapia Gestalt – Condiciones para que una terapia sea efectiva

Tomar la decisión de iniciar una terapia psicológica, ya sea en Gestalt o de cualquier otra orientación, no suele ser fácil ni tampoco algo que se improvise sin deliberar. Se trata mas bien de un acto meditado. A veces demasiado meditado, por la reticencia natural del individuo a enfrentarse consigo mismo, a remover en los recovecos de la psique, a enfrentarse a lo que durante mucho tiempo –tal vez desde siempre– ha permanecido oculto. También por el miedo a evocar viejos recuerdos que condicionen su presente. Influyen también los recelos a pasarlo mal –promover un sufrimiento– como consecuencia del trabajo realizado en cada sesión, así como la resistencia a desnudarse y mostrarse tal cual se es ante el otro. En suma, influye en grado sumo el miedo a ser juzgado o no ser comprendido, miedo muchas veces asociado al que se siente a hacer cambios consigo mismo.

Hay una serie de condiciones que deberíamos considerar como indispensables para que una terapia sea efectiva. Empezando por el entorno donde tienen lugar las sesiones, éste deberá ser un emplazamiento que inspire confianza y que confiera seguridad a quien, en cada sesión, va a compartir con esfuerzo sus más íntimos pensamientos y sentimientos así como verbalizar lo que tal vez nunca antes haya dicho, mostrándose vulnerable por sentir que van quedando al descubierto ciertos secretos, entre ellos culpas y penas, que pueden reabrir viejas heridas.

Es imperativo que entre el terapeuta y el paciente se establezca una relación de plena confianza –vínculo terapéutico– sin la cual será imposible ningún progreso.

Si quien acude a las sesiones de terapia lo hace con reticencias, desconfianza hacia su terapeuta o bien se siente juzgado por él (o por ella) al revelarle sus más íntimos secretos, si algo de esto llegara a suceder, será muy difícil obtener beneficio alguno. Consideremos que para un paciente puede ser muy difícil reconocer ante otra persona –al principio, incluso con su terapeuta– determinadas fobias, o ciertos comportamientos rituales propios de un trastorno obsesivo compulsivo así como las conductas evitativas sociales de quienes sufren agorafobia o ataques de pánico por poner sólo algnos ejemplos. La sutileza del terapeuta debe ser exqisita para propiciar la comunicación por parte del paciente.

Es importante que quien se somete a terapia, sea consciente de que la función del terapeuta no es la de resolverle ningún problema, sino ayudarle a reconocer y a poner en marcha sus propias habilidades para poder utilizarlas como unas herramientas que le permitan operar los cambios necesarios en sus vidas. Es por ello que los terapeutas, nunca deberán decidir por el paciente cómo vivir sus propias vidas o cómo actuar en determinadas ocasiones (demandas que muchas veces se le hacen con preguntas del tipo: “¿qué debo hacer en este caso?”), ya que las decisiones deberá encontrarlas y tomarlas cada cual por si mismo con la ayuda de la terapia instaurada.

Nosotros, los terapeutas, no somos omniscientes ni pretendemos serlo. No sabemos ni tenemos respuestas adecuadas para todo, pero si que poseemos la formación, la experiencia profesional y la habilidad necesaria para ayudar a cada paciente a encontrarlas, algo indispensable cuando quien acude a nosotros puede estar sufriendo el bloqueo propio de una depresión o la dificultad de comunicarse sin agobios como suele ocurrir en los pacientes con trastornos de ansiedad.

Es interesante reseñar que una vez se instaura el vínculo terapéutico, además de trabajar con los temas por los que el paciente ha acudido a nosotros, suelen surgir nuevas cuestiones al reproducirse en las sesiones ciertas sensaciones y dificultades que el paciente experimenta en sus actividades y en su vida de relación. Es por ello que un terapeuta experto deberá saber captar los signos que le envía el paciente (actitudes, gesticulación, postura corporal, atención o desatención…) e invitarle a expresar –para luego explorar– aquello que siente.

De este modo, la terapia se convierte en una especie de laboratorio donde se reproduce a pequeña escala lo que el paciente experimenta en su vida real, circunstancia que le ayudará a encontrar nuevas formas para afrontar y resolver sus problemas así como a relacionarse con su entorno en un ambiente de seguridad.

Es interesante reseñar que el buen terapeuta, debe saber acomodarse a los ritmos del paciente, sin presionarlo y haciéndole sentir comprendido, entendido pero jamás juzgado. Del mismo modo, el terapeuta debe respetar las costumbres, la cultura y los derechos del paciente, especialmente el derecho que cada cual tiene a tomar sus propias decisiones.

Todo ello tendrá lugar en un marco de profesionalidad mientras se va reconectando al paciente con unas herramientas tal vez olvidadas o hasta entonces nunca utilizadas o quizás no adecuadamente.

Como colofón y respuesta, pues, al título del epígrafe, podríamos resumir que las condiciones indispensables para que una terapia sea efectiva y se establezca un vínculo terapéutico idóneo, serán que el paciente se sienta en un ambiente seguro, se encuentre cómodo y relajado con el terapeuta, no tenga vergüenza ni miedo a ser evaluado o juzgado por él y le sea lo más fácil posible llegar a expresar lo que siente.


Clotilde Sarrió – Terapia Gestalt Valencia

Licencia de Creative Commons Este artículo está escrito por Clotilde Sarrió Arnandis y se encuentra bajo una Licencia Creative Commons Reconocimiento-NoComercial-CompartirIgual 3.0 España

Imagen: Pixabay

 

Acerca del autor

Clotilde Sarrió

Clotilde Sarrió, Terapeuta Gestalt de Valencia. Mi orientación se integra en la corriente gestáltica de la Costa Este, representada por el New York Institute (1951), bajo la dirección de Laura Perls y la corriente afín de Cleveland. Ejerzo la Terapia Gestalt (modalidad de la psicoterapia integrada en la psicología humanista), una disciplina no solo dirigida al tratamiento de la psicopatología sino también al desarrollo del potencial humano, la liberación bloqueos y asuntos inconclusos y, en suma, aquellos procesos que impidan o dificulten un adecuado desarrollo y crecimiento personal.

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