Terapia Gestalt Valencia

Centro Terapia Gestalt Valencia, terapeuta Clotilde Sarrió. Psicoterapia integrada en la psicología humanista de la corriente gestáltica de la Costa Este

El chantaje emocional. Parte 2

El chantaje emocional nos priva de una de nuestras posesiones más preciadas: nuestra integridad. La integridad es ese sitio interior en el cual residen nuestros valores y nuestra brújula moral que clarifica qué es bueno y qué es malo para nosotros.

El chantaje emocional. II

El castigador silencioso

Tanto los que callan ofendidos, como los que se refugian en una ira no verbalizada, dominan el arte de convertir en niños a quienes, en otros aspectos, son adultos responsables. Al maniobrar para evitar su ira, y sus manipulaciones agresivas, nos encontramos de pronto haciendo cosas que nunca hubiéramos considerado posibles. Al violar nuestros propios códigos, se incrementa lo que, de por sí, ya puede constituir una pesada carga de autorreproche, que nace a partir de nuestra incapacidad de hacer frente a nuestro chantajista y resistir sus actitudes.

Para casi todo el mundo, el frío silencio de estos castigadores resulta muy difícil de soportar. El se atrinchera tras una fachada impenetrable y transfiere a otros la responsabilidad por sus propios sentimientos.

El castigador parece olvidar los sentimientos de su víctima y volverse incapaz de analizar su propia conducta. Cree que lo que hace es correcto, y que lo asiste todo el derecho del mundo a exigir lo que exige. Enfrentar a un castigador puede requerir una enorme fortaleza interior, pero no es imposible. Es cuestión de decir, y demostrar, que uno no seguirá aceptando el chantaje.

El autocastigador

Este es un individuo excesivamente necesitado de afecto, muy dependiente, que no asume su responsabilidad por su propia vida. Todas sus dificultades, reales o imaginarias, son culpa del otro. Mientras que el castigador convierte a su víctima en un niño dependiente, el autocastigador pone a su víctima en el papel de adulto protector…el único adulto en la relación. Somos quienes los pueden salvar de ellos mismos, rescatarlos de su desvalidez y proteger su fragilidad.

No existen fronteras demarcadas claramente entre los distintos tipos de chantaje, y muchos chantajistas combinan o utilizan más de un tipo.

Todos sentimos una serie de grandes y pequeños miedos. Todos tenemos obligaciones y responsabilidades, y todos vivimos con una cierta cuota de culpa. En lugar de pensar, reaccionamos. Y en ese espontáneo reaccionar nuestro reside la clave de la eficacia del chantaje emocional.

Cuando el chantajista nos presiona, entre el malestar que nos produce esa presión y nuestra conducta para aliviarlo, no hay prácticamente espacio para la reflexión.

El chantajista emocional construye su estrategia consciente e inconsciente en base a la información que nosotros le suministramos acerca de lo que nos causa miedo, nos genera obligación o culpa.

La tergiversación

El chantajista ve nuestros conflictos como un reflejo de lo equivocados y desubicados que estamos, a la vez que se describe a sí mismo como comprensivo y bienintencionado. Para decirlo de forma más directa: nosotros somos los malos de la película, y ellos son los héroes.

Esto es lo que se llama “tergiversación”: el chantajista es un maestro en eso de aparecer como un santo con nobles motivaciones, y al mismo tiempo, mostrar a su víctima como motivada, en el mejor de los casos, por intenciones y actitudes dudosas. El chantajista nos hace saber que es él quien debería ganar siempre porque lo que él quiere es más adecuado, más amplio o más maduro. Es lo mejor.

Cualquier resistencia de nuestra parte es transformada, y en lugar de ser expresión de nuestras necesidades, pasa a ser una evidencia de nuestras fallas. Cuando ese tipo de manipulación es eficaz, nos confunde respecto a qué puede ser enfermizo o saludable, y hace que nos cuestionemos lo que sucede entre el chantajista y nosotros.

Cuando nos convierten en “malos”

Quienes utilizan esa arma contra nosotros, pueden anular nuestra seguridad interior y nuestro aplomo muy rápidamente, ya que nos convierten en “malos”:

“Me has herido”.

“Me has desilusionado”.

Patologización

Algunos chantajistas dicen que nos resistimos a sus exigencias, sólo porque estamos enfermos o locos. Así nos califican de histéricos, neuróticos, perversos, o discapacitados emocionales. Dado que este tipo de experiencia puede llegar a aniquilar nuestra sensación de identidad y nuestra autoconfianza, es una herramienta particularmente tóxica…y eficaz.

La patologización se hace presente en una relación cuando una persona desea mayor entrega de parte de la otra, más tiempo, más compromiso, y cuando no la obtiene, intenta lograrla cuestionando la capacidad de amar de la otra.

La patologización es particularmente persuasiva cuando proviene de una figura de autoridad como un médico, un profesor, un psicólogo, o un abogado. Con una actitud muy arrogante, algunas personas quieren demostrar que nadie puede cuestionar su posición. Nos dicen que velan por nuestros intereses y que negarnos equivale a demostrar cuán obstinados e inseguros somos. Son ellos los expertos, aún cuando se trate del conocimiento más profundo de nosotros mismos, y no se nos permite cuestionar sus consejos o interpretaciones.

Buscando aliados

Cuando los intentos de chantaje de tipo individual no surten efecto, muchos chantajistas emocionales piden ayuda, involucrando a otras personas- parientes, amigos- que los ayude a defender su causa. Suelen recurrir a personas de las que saben que la víctima respeta y aprecia, y ante un frente tan compacto, la víctima termina por sentirse indefensa.

– Cuando se recurre a una instancia superior:

“Mi analista dice que tu actitud es muy agresiva”“ En un curso que hice me dijeron que…” “Leí un artículo que decía…”

El chantajista recurre a una increíble variedad de fuentes- citas, comentarios, enseñanzas, escritos- e insistirá en convencernos de que hay una sola verdad: la que ellos postulan.

– Comparaciones negativas:

“Si tú fueras como fulano”

El chantajista nos presenta como modelo a otra persona, quien constituye el ideal inmaculado frente al cual resaltan nuestras falencias.

El mundo interno del chantajista emocional

Es un sujeto que detesta sentirse perdedor. No le importan las reglas del juego; lo importante es no perder. No le importa conservar la confianza del otro, respetar sus sentimientos o jugar limpio. El chantajista emocional no tolera la frustración de un “no”. Si bien se muestra como una persona común y a veces es un individuo altamente eficiente en muchos aspectos de su vida, opera a partir de una mentalidad de privación, siempre que se conmociona su sentido de estabilidad.

Estos pensamientos constituyen el denominador común que subyace a todo chantaje emocional:

  • “Esto no va a funcionar”
  • “A nadie le importa lo que yo quiero”
  • “No soporto perder algo que quiero”
  • “Siempre termino perdiendo y a nadie le importa”

Todos los chantajistas focalizan su atención casi por completo en sus propias necesidades y deseos. Cuando se sienten profundamente desilusionados y frustrados, magnifican hasta el más mínimo desacuerdo y permiten que el mismo tiña de negatividad toda la relación.

El hecho es que el chantajista emocional gana batallas, pero finalmente pierde la guerra, ya que suele ganar con tácticas que generan una profunda brecha en la relación. La victoria a corto plazo le parece un triunfo, como si no hubiera un futuro para tener en cuenta.

Envueltos en sus temores de carencia y privación, olvidan la frustración y alienación que están provocando en las personas a las que intentan manipular.

Exige…y humilla. En su intento de demostrar lo justo y razonable de sus exigencias, denigra el carácter y cuestiona las motivaciones del otro en cuestión. Procuran ahogarnos en un mar de culpa. Muchos castigadores se consideran víctimas.

El castigo también permite al chantajista asumir una posición activa y agresiva, que los hace sentir poderosos e invulnerables. Constituye una forma muy eficaz de tranquilizarse frente a lo que perciben como una amenaza a ser privados de algo.

Es un axioma que lo que no expresamos verbalmente lo decimos a través de nuestros actos. Una de las más fascinantes paradojas de la conducta humana es que las personas más iracundas y castigadoras, son, en realidad las más asustadas. Pero muy raras veces enfrentan sus temores, sino que atacan a otros, creando tanta desdicha con su conducta que a menudo terminan por ser abandonados, logrando así lo que en realidad más temen.

La desvalorización de una persona es una táctica empleada con mucha frecuencia.

Por extraño que parezca, el castigo establece una conexión emocional muy intensa entre el chantajista y su víctima. El castigo mantiene vivo un gran monto de afecto en una relación fracturada.

Características que nos hacen vulnerables al chantaje emocional:

  • Una excesiva necesidad de aprobación
  • Un profundo miedo al enojo del otro
  • Una gran necesidad de paz, sea cual fuere su precio
  • Una tendencia a asumir demasiada responsabilidad por la vida de los demás
  • Un alto nivel de inseguridad con respecto a nuestro valor y capacidad

Por ejemplo, no tiene nada de malo desear la aprobación. Pero si nos volvemos adictos a ella, necesitaremos un suministro permanente, lo cual nos hace vulnerables al chantaje. “Si no me aprueba, soy una mala persona , no valgo”.

El impacto del chantaje emocional

El chantaje emocional nos priva de una de nuestras posesiones más preciadas: nuestra integridad. La integridad es ese sitio interior en el cual residen nuestros valores y nuestra brújula moral que clarifica qué es bueno y qué es malo para nosotros.

¿Cómo se percibe la integridad?

  • Defendiendo las cosas en las que creo
  • No permitiendo que el miedo domine mi vida
  • Encarando a las personas que me han herido
  • Definiendo quién soy yo, en lugar de permitir que otros me definan
  • Cumpliendo con las promesas que me hago a mí mismo
  • No traicionando a otras personas

Estas son afirmaciones muy poderosas y cuando reflejan genuinamente nuestra forma de ser y de manejarnos en la vida, brindan una sensación de equilibrio que evita que el estrés y las presiones que constantemente inciden sobre nosotros, nos desvíen de nuestra línea de conducta.

El impacto sobre la relación

El chantaje emocional quita la sensación de seguridad de cualquier relación. Y cuando hablo de seguridad, me refiero a buena voluntad y confianza, es decir, los elementos que nos permiten sincerarnos con otra persona sin temor a que nuestras ideas y pensamientos sean malinterpretados. Si este factor de seguridad desaparece de un vínculo, éste no es más que una relación carente de ese contenido afectivo que nos permite ser auténticos frente a la otra persona.

Si tenemos que cuidar lo que decimos y lo que hacemos ¿qué queda de la relación?


Clotilde Sarrió – Terapia Gestalt Valencia

Fuente: Susan Forward

Licencia de Creative Commons Este artículo está escrito por Clotilde Sarrió Arnandis y se encuentra bajo una Licencia Creative Commons Reconocimiento-NoComercial-CompartirIgual 3.0 España

 

Acerca del autor

Clotilde Sarrió

Clotilde Sarrió, Terapeuta Gestalt de Valencia. Mi orientación se integra en la corriente gestáltica de la Costa Este, representada por el New York Institute (1951), bajo la dirección de Laura Perls y la corriente afín de Cleveland. Ejerzo la Terapia Gestalt (modalidad de la psicoterapia integrada en la psicología humanista), una disciplina no solo dirigida al tratamiento de la psicopatología sino también al desarrollo del potencial humano, la liberación bloqueos y asuntos inconclusos y, en suma, aquellos procesos que impidan o dificulten un adecuado desarrollo y crecimiento personal.

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